No me gusta la idea del "miedo" o la "amenaza" en aikido, detesto cuando se dice que como es un arte marcial tienes que inspirar miedo, o tienes que tener una actitud amenazante, y es tal mi actitud de rebeldía infantil, que hasta he llegado a pensar que, si es así, esto no es pa mi.
Pero la verdad estoy profundamente enamorada del aikido, así que creo que sí esa pa mi. Y hoy se me cristalizó una ocurrencia: ¿quién dice que no puedo "reinventarme" ese discurso? Al menos en mi fuero interno, para mí.
En cierta forma llevo un rato haciéndolo, pero no me había dado el permiso para aceptar su validez. Y así, en vez de hablar de miedo o amenaza, prefiero hablar de ser un desafío. Ser un desafío a través de un ataque honesto, de mantener una actitud constante de atención, de mantener la conexión y la unión. De ser un desafío y estar completamente presente. De ser sensible. De ser abierto. O sea ¡cosa difícil mi hermana! El arte de ser uke... arte complejo y que da para toda una vida de aprender (se) y descubrir(se).
Y pues me seguiré traduciendo la acción a desafío porque sí. Ya sé que miedos y amenazas pueden haber para mi vida, pero en la vida, como en aikido, prefiero aprender a traducir esas situaciones a situaciones de desafío y aprendizaje.
Quizás he vivido tantos años de alguna u otra manera sintiéndome presa de diferentes tipos de miedos, de terrores ante diferentes tipos de amenazas (nada realmente tremendo, hablo de esas que crea tu mente), que lo último que necesito es vivir así aikido también. Y dado que, a causa de como había estado viviendo, las palabras "miedo", "amenaza" están ya muy cargadas para mí, pues me las seguiré traduciendo a "desafíos".
Esto es lo mejor que puedo hacer para seguir siendo honesta conmigo misma. O eso creo al día de hoy.