Aikido es uno solo. Eso es algo que uno va aprendiendo con el tiempo, sobre todo cuando se aventura a salir de su dojito para entrenar con otros maestros, otros compañeros, otros grupos. Así como sucede en la vida si te dejas de prejuicios y te abres a oír a otras personas, cuando practicas con gente y grupos de aikido que siguen diferentes estilos, te das cuenta de las mil y una facetas que tiene el aikido, de modo que aún falta tanto por aprender...
Aquí en México ha sido toda una nueva experiencia para mí. Un grupo nuevo, al principio me acerqué con toda la timidez del mundo.
Un nuevo maestro, otro estilo de clase, y por lo tanto yo con otro estilo de aprendizaje.
Aquí es más el silencio y observar y observarse. Aprender observando e imitando. Calma, tranquilidad, silencio y diversión. Silencio... hay palabras sí, pero sobre todo es el silencio, sobre todo es un trabajo muy consciente, muy propio...
yo quisiera decir que ... pero bueno, otro día.
Nikki donde ru se dispone a hablar de algo importantísimo: su proceso de aprendizaje y crecimiento en una nueva etapa de su vida aikidoda, una etapa que empezó con el examen de primer dan. (Casi todas las entradas están en construcción permanente).
domingo, 25 de mayo de 2014
una vieja entrada, de 2007, que había sido guardada como borrador
ayer en clase de aikido hicimos randori al estilo aikikai, como bien lo explica la wikipedia, varios atacantes y uno a recibir los ataques y a proyectarlos aplicando la técnica que nazca en ese momento o, como fue ayer, el movimiento que indique el sensei.
Esa práctica me gustó muchísimo, porque implica aprender a manejar el propio espacio, aprender a recibir el ataque y proyectar al compañero con cuidado, siendo claramente consciente del espacio sobre el tatami hacia el cual lo estás proyectando, porque la presencia de varios ukes (ayer eran sólo dos, pero cuando se es avanzado, cinturón negro o un kyu alto, son varios, tres, cuatro...) te obliga a estar alerta, pues en el momento en que proyectas a uno de ellos debes estar pendiente del otro. Y sobre todo, hay algo que ayer me pareció tan importante, algo sobre lo cual Sensei nos llamó la atención: no perder el control, así estén cansados, no pierdan el control. El cansancio es una ilusión, como el dolor, y todos nos reímos, obviamente incluyéndolo a él. Ayer nos reímos mucho en clase la verdad, dos veces cortesía mía, la primera porque cuando Sensei me estaba explicando como hacer koshinage me caí con el y rodamos por el piso, y la segunda fue durante el randori, cuando me tocaba ser uke, agarré carrera y con toda la emoción iba hacia el compañero que estaba aplicando las técnicas y ahí fue: me enredé con la hakama y casi me caigo solita. "¡uy!" dijeron todos. "Sin tocarla, sólo con el ki" comentaron, y mi compañero reía, "sí, la proyecté con mi ki".
Bueno, para variar me fui por las ramas. Esto de no perder el control, sin importar el cansancio o el dolor, me llamó la atención. Esto, y lo que luego nos explicó Sensei Y. que me recordó algo que alguna vez nos había dicho Sensei G. Y. nos decía que en randori no hay que quedarse quieto esperando a los ukes, hay que moverse en el espacio, ellos vienen a atacar, ya se sabe, entonces uno se mueve y los busca, es decir, entra a recibir el ataque. Pero esto no implica salir corriendo al encuentro de uke locamente. Hay un momento justo, siempre, nos decía Y. pero eso no significa quedarse plantado en mitad del tatami esperando, uno tiene que moverse, moverse, porque cuando uno se mueve tiene control sobre su espacio, y sobre el tiempo y el espacio en donde recibirá el ataque, y esto es importante, porque si uno pierde ese control, al final los ukes lo acorralan en una esquina del tatami, y por mucho que te mantengas recibiéndolos y proyectándolos, llega un momento en que tu espacio se hará chiquitico, te caerán encima todos al mismo tiempo y ¡sonamos! hasta ahí llegas.
Eso me recordó algo que una vez nos decía sensei G., equiparando el ataque de uke a los problemas o mejor, a las circunstancias difíciles que tenemos en la vida. Así, ante el ataque, uno puede, en primer lugar, salir corriendo. Pero salir corriendo es darle la espalda a uke, y capaz que te alcanza y zas, no quiero pensar. Eso si uke de verdad quisiera hacerte daño, sabemos que en aikido no pasa, pero si es un problema o una situación difícil, esa evasión sólo retarda un poco el momento en que el problema o situación te atrapa. O sea, la evasión no es una salida viable, no soluciona nada. Incluso si no das la espalda, si corres hacia atrás mirando al uke, igual te alcanza prontísimo.
La segunda opción es hacerse un lado y dejarlo pasar. Eso te da un poco más de tiempo, pero igual inmediatamente uke se levanta y vuelve al ataque. Así que el ataque sigue, el problema sigue, y tenemos que enfrentarlo nuevamente.
En la tercera opción, tú recibes el ataque y utilizas esa energía, esa intención que trae uke para neutralizar el ataque, para redirigirlo, y al final proyectar a uke, o inmovilizarlo y ya. Ahí termina el ataque. Uke puede levantarse y la clase sigue, pero mientras tanto yo me quedo pensando que en la vida diaria, es como enfrentar el problema recibiéndolo, viviéndolo con todo lo que trae, y al final das una vuelta, un giro, y cuando menos pienses, la situación cambió, ya no es un problema que te agobia, es una situación que controlas y que al final solucionaste.
Ese recuerdo me vino a la cabeza cuando sensei Y. nos llamó la atención sobre este continuo moverse, y este no perder el control, a pesar del cansancio no proyectar como locos a los ukes, utilizando ya la fuerza, olvidando todo lo aprendido, cuando más cansancio hay, más se debe mantener el control, respirar, y proyectar a uke recordando todo lo aprendido.
Sea cansancio, sea dolor, entrenamos para no perder el control y seguir recibiendo los ataques y aplicando las técnicas con calma, respirando, sabiendo hacia dónde dirigimos a uke y teniendo consciencia de lo que sucede en el espacio que nos rodea, sabiendo desde dónde viene el siguiente ataque y moviéndonos casi casi para decidir dónde recibir ese ataque, y entonces proyectar otra vez y así.
Algo que me gusta muchísimo de las clases con sensei Y., es el énfasis que hace en el hecho de que seamos conscientes de nuestros movimientos, de nuestro cuerpo, de qué hacemos, de qué mostró él y qué estamos haciendo nosotros. Todo esto se relaciona con mantener el control, estar atentos, estar conscientes.
Pienso mucho en esto para los días que vivo. Porque justamente eso, estar alerta, estar atenta, estar consciente de lo que sucede, me sucede, sucede.
Esa práctica me gustó muchísimo, porque implica aprender a manejar el propio espacio, aprender a recibir el ataque y proyectar al compañero con cuidado, siendo claramente consciente del espacio sobre el tatami hacia el cual lo estás proyectando, porque la presencia de varios ukes (ayer eran sólo dos, pero cuando se es avanzado, cinturón negro o un kyu alto, son varios, tres, cuatro...) te obliga a estar alerta, pues en el momento en que proyectas a uno de ellos debes estar pendiente del otro. Y sobre todo, hay algo que ayer me pareció tan importante, algo sobre lo cual Sensei nos llamó la atención: no perder el control, así estén cansados, no pierdan el control. El cansancio es una ilusión, como el dolor, y todos nos reímos, obviamente incluyéndolo a él. Ayer nos reímos mucho en clase la verdad, dos veces cortesía mía, la primera porque cuando Sensei me estaba explicando como hacer koshinage me caí con el y rodamos por el piso, y la segunda fue durante el randori, cuando me tocaba ser uke, agarré carrera y con toda la emoción iba hacia el compañero que estaba aplicando las técnicas y ahí fue: me enredé con la hakama y casi me caigo solita. "¡uy!" dijeron todos. "Sin tocarla, sólo con el ki" comentaron, y mi compañero reía, "sí, la proyecté con mi ki".
Bueno, para variar me fui por las ramas. Esto de no perder el control, sin importar el cansancio o el dolor, me llamó la atención. Esto, y lo que luego nos explicó Sensei Y. que me recordó algo que alguna vez nos había dicho Sensei G. Y. nos decía que en randori no hay que quedarse quieto esperando a los ukes, hay que moverse en el espacio, ellos vienen a atacar, ya se sabe, entonces uno se mueve y los busca, es decir, entra a recibir el ataque. Pero esto no implica salir corriendo al encuentro de uke locamente. Hay un momento justo, siempre, nos decía Y. pero eso no significa quedarse plantado en mitad del tatami esperando, uno tiene que moverse, moverse, porque cuando uno se mueve tiene control sobre su espacio, y sobre el tiempo y el espacio en donde recibirá el ataque, y esto es importante, porque si uno pierde ese control, al final los ukes lo acorralan en una esquina del tatami, y por mucho que te mantengas recibiéndolos y proyectándolos, llega un momento en que tu espacio se hará chiquitico, te caerán encima todos al mismo tiempo y ¡sonamos! hasta ahí llegas.
Eso me recordó algo que una vez nos decía sensei G., equiparando el ataque de uke a los problemas o mejor, a las circunstancias difíciles que tenemos en la vida. Así, ante el ataque, uno puede, en primer lugar, salir corriendo. Pero salir corriendo es darle la espalda a uke, y capaz que te alcanza y zas, no quiero pensar. Eso si uke de verdad quisiera hacerte daño, sabemos que en aikido no pasa, pero si es un problema o una situación difícil, esa evasión sólo retarda un poco el momento en que el problema o situación te atrapa. O sea, la evasión no es una salida viable, no soluciona nada. Incluso si no das la espalda, si corres hacia atrás mirando al uke, igual te alcanza prontísimo.
La segunda opción es hacerse un lado y dejarlo pasar. Eso te da un poco más de tiempo, pero igual inmediatamente uke se levanta y vuelve al ataque. Así que el ataque sigue, el problema sigue, y tenemos que enfrentarlo nuevamente.
En la tercera opción, tú recibes el ataque y utilizas esa energía, esa intención que trae uke para neutralizar el ataque, para redirigirlo, y al final proyectar a uke, o inmovilizarlo y ya. Ahí termina el ataque. Uke puede levantarse y la clase sigue, pero mientras tanto yo me quedo pensando que en la vida diaria, es como enfrentar el problema recibiéndolo, viviéndolo con todo lo que trae, y al final das una vuelta, un giro, y cuando menos pienses, la situación cambió, ya no es un problema que te agobia, es una situación que controlas y que al final solucionaste.
Ese recuerdo me vino a la cabeza cuando sensei Y. nos llamó la atención sobre este continuo moverse, y este no perder el control, a pesar del cansancio no proyectar como locos a los ukes, utilizando ya la fuerza, olvidando todo lo aprendido, cuando más cansancio hay, más se debe mantener el control, respirar, y proyectar a uke recordando todo lo aprendido.
Sea cansancio, sea dolor, entrenamos para no perder el control y seguir recibiendo los ataques y aplicando las técnicas con calma, respirando, sabiendo hacia dónde dirigimos a uke y teniendo consciencia de lo que sucede en el espacio que nos rodea, sabiendo desde dónde viene el siguiente ataque y moviéndonos casi casi para decidir dónde recibir ese ataque, y entonces proyectar otra vez y así.
Algo que me gusta muchísimo de las clases con sensei Y., es el énfasis que hace en el hecho de que seamos conscientes de nuestros movimientos, de nuestro cuerpo, de qué hacemos, de qué mostró él y qué estamos haciendo nosotros. Todo esto se relaciona con mantener el control, estar atentos, estar conscientes.
Pienso mucho en esto para los días que vivo. Porque justamente eso, estar alerta, estar atenta, estar consciente de lo que sucede, me sucede, sucede.
viernes, 9 de mayo de 2014
ushiro kubishime
Otra de las dudas grandes...
Sankyo
Ushiro kubishime waza
Ushiro kubishime koshinage
Sankyo
Ushiro kubishime waza
Ushiro kubishime koshinage
tsuki iriminage
Con Yamada sensei, esta forma me gusta.
Con Yamada sensei, dos formas, del min. 2:24 a 3:25
Con Yamada sensei, dos formas, del min. 2:24 a 3:25
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