sábado, 1 de octubre de 2016

Ushiro tekubitori kotegaeshi (preámbulo)

Se me ocurre que debería cambiar la descripción de este blog, o su nombre.  Mucho ha pasado en mi vida aikidokil este año.  Este año, por ejemplo, no presenté el nidan, en parte por cuestiones económicas, en parte porque tampoco quería aún.  Mi sensei insistía en que ya es hora, pero yo siento que quiero crecer un poco más antes.  Quiero sentirme tranquila y en calma, contenta.  Sé que el sensei sabe más, sabe por qué me dice "es la hora".  Pero también sé que a veces una se demora en sentirse ahí, en esa "hora".  Y también sé que no quería presentar un examen del que saliera insatisfecha... No se trata de pretender cierta "maestría técnica", pues eso, ya se sabe, si acaso se alcanza es con muchos muchos años más; en mi caso se trata de sentirme tranquila durante el examen.  Sentirme ahí, siendo yo misma, esperando el dictamen con calma, ser y moverme de acuerdo al crecimiento obtenido durante los años de práctica previos... cómo decirlo... se me ocurre que lo que busco es que cuando llegue al nidan yo me sienta interiormente en un lugar diferente al lugar en el que estaba para el shodan.  Un asunto de crecimiento mental, emocional, físico también, mucho más eso que algo "técnico".  Ojo, esto no quiere decir que considere que la técnica no importa, por supuesto que importa.  Es la forma que me da la pauta para moverme en este mundo.  Es el camino que me revela cosas.  Es la danza que me permite crecer. 

Pero, volvamos.

Este año además participé en un seminario dictado sólo por mujeres.  Peleé mucho con el concepto, sobre todo por la idea de un "ki femenino", pero fue bello ver como, al final, el mensaje de todas las sensei fue: no existe diferencia en nuestro aikido por ser mujeres, es diferente simplemente porque somos personas diferentes.  Así las cosas, no practiquen con nosotras a partir del prejuicio de "son mujeres, hay que hacerles suave" o "son mujeres, hay que hacerles fuerte para que nos demuestren si pueden hacer aikido o no", sino que practiquen con las personas que somos con la actitud de "es una persona distinta, quiero ver cómo se siente su aikido, practicar con ella, lo que puedo aprender de este compartir".  Oh, lo que no he dicho es que participé en calidad de ¡maestra!  Estaba muy asustada porque estaba al lado de verdaderas sensei, yo, que apenas shodan, que tan lenta en mi proceso, tan tímida, tan me falta todavía mucho por crecer... pero la vida este año parece decidida a mostrarme que tengo mucho más para dar de lo que creo.  Sí, a pesar de todos los defectos o carencias de las que soy consciente, resulta que tengo mucho para dar y hay que darlo, sacarlo, serlo, compartirlo. 

Este año, antes del seminario de mujeres, también fui invitada por gente que me quiere a un seminario de aikido en la montaña, en La Malinche, y fue una experiencia hermosa.

Y este año, antes del aikido en la montaña estuve en el seminario en el que no presenté nidan y en el que sí me lastimé una rodilla.  Y esa rodilla y su dolor han sido protagonistas de mi vida este año... de mi temporada sin poder entrenar y de mi actual momento en el que no estoy entrenando tantísimo como quisiera.  

Y, finalmente, lo más más más importante, este año la vida me puso como maestra de aikido frente a un grupo.  Escrito así no suena como se siente, así que me explico: soy la sensei de un grupo de aikido que empezó este año.  Un grupo de personas que nunca antes había practicado aikido.  En un lugar que no es mi dojo.  En un lugar en donde soy la maestra de aikido -o la sensei de aikido-.  No lo siento como "mi dojo", un dojo que yo lleve, pues es una circunstancia harto distinta, pero es, en todo caso, una experiencia onda tener un dojo propio.  Asustadora, retadora, feliz y emocionante experiencia. 

Lástima que no tengo la costumbre de anotar bien las fechas, aunque creo que debo tener por ahí la fecha exacta de cuándo empecé a dar clases allá... la cosa es que ahora mis peques de aikido (les digo peques porque la mayoría están entre 13-16 años de edad, más dos señoras que son mamás de dos peques, pero pa mi el grupo es "mis peques"), ahora mis peques, digo, están ad portas de presentar examen de aikido en diciembre.  Lo cual, obviamente, me llena de pánico y de alegría.  De pánico porque evidentemente se evaluará que tan bien he hecho mi trabajo, y con aikido suelo estar con las inseguridades a flor de piel.  En fin que, a causa de esto, retomo este blog para estudiara profundidad, en principio, las técnicas de quinto kyu porque "ya lo tenemos encima", pero, a largo plazo, todo lo que se nos vaya apareciendo en el camino de aikido.

La gran pregunta es: ¿hasta dónde llegará este blog, esta parte de mi camino?  No lo sé, pero, en realidad, no importa.  Lo que importa es que hoy, aquí y ahora, estoy en ese camino.

Retomemos pues...

Y empecemos por anotar que hay que ver lo difícil que puede ser explicar ushiro tekubitori.  Por esta razón, empiezo esta noche por ahí, y con kotegaeshi, ya que es la técnica que piden para quinto kyu con este agarre...  Pero entonces dejemos eso para la siguiente entrada, donde nos concentraremos ya en el estudio de la forma, la técnica, el detalle, el movimiento.

sábado, 23 de julio de 2016

Escrito en fb

Hoy en aikido se corporizó ante mí una de las grandes lecciones que nos da sobre el tatami: la enorme importancia de aprender a relajarse. Y es impresionante, porque para ser y permanecer fuerte hay que estar relajada; para ser sensible y fluir, hay que estar relajada; para mantener el centro, la estabilidad, la postura, hay que estar relajada; para recibir la energía de la compañera o compañero y transformarla en una técnica determinada, hay que estar relajada...
Bonito.