Pero es eso, la sensación, sentir que tienes por dentro tantas cosas maravillosas por compartir, por decir, por narrar (porque son cosas que pienso cuando veo el mundo, cuando me dejo tocar por una canción, una imagen, una percepción, o cuando un sentimiento mío se conjuga con pensamientos y con alguna imagen, alguna canción, un árbol, una mariposa, cosas así), pero al mismo tiempo darte cuenta que a tu alrededor no hay nadie con quien compartirlas y no porque estés físicamente solo, sino porque, sencillamente, y aunque hablen tu mismo idioma (o más o menos), no te podrán entender. No podrán entrar a ese reino, a ese territorio, a ese mundo.
Y así es como en estos días, en mi cabeza anda retumbando el haiku aquel
El ciruelo florece,
el ruiseñor canta;
pero yo estoy solo.
Kobayashi ISSA
el ruiseñor canta;
pero yo estoy solo.
Kobayashi ISSA
Pero, como sea. Me las digo. Y algún día. Algún día.
Porque ya ha habido con quien compartir. Sólo que ahora no he conocido con quien. Pero ya habrá.