sábado, 29 de septiembre de 2007

recorridos laberínticos, no concentrícos, espirales

de nuevo esta señorita me deja con el corazón emocionado, es como si fuera en cierta forma mi hermana, como si nuestras vidas coincidieran a destiempo y entonces un día resulta que sus palabras me tocan en el centro de lo que soy a través de los recuerdos de quien he sido y así me llaman la atención y me recuerdan cosas necesarias.

aquí en México cada día me pasan, me suceden, me atraviesan muchas cosas.

Ayer fue dormir en la tarde, antes de eso fue el dolor de cabeza y el miedo. Descubro que le tengo miedo a mi pasado, porque temo volver a quien fui. No sé por qué temo tanto eso, luego me digo que quizás sí, la verdad sé a qué le temo, es un temor universal, pero adolescente.

Temor al rechazo, a la soledad, al olvido, al abandono, ahí están, clavados muy dentro de mí... en Colombia creía haberlos superado del todo, pero he aquí que aún me quedan rezagos ¿o serán recuerdos, fantasmas que empiezan a gritar muy fuerte queriendo volver a la vida, al escenario de mi vida? No, no son tan sólo recuerdos, no son tan sólo fantasmas, o no sé. Están ahí y ahora me encuentro en un momento importante, diciéndome que necesito tomar mi decisión con determinación, diciéndome que es el momento de templar mi espíritu.

Templar el espíritu, es parte de una frase de O Sensei que me gusta tanto.

Cuando pienso en templar mi espíritu, pienso en las imágenes que nos han llegado desde Japón, pero entonces lo cambio todo y me veo en mi casa en México, con una ventana que mira hacia los árboles llenos de ardillas, de mariposas y pajaritos, y pienso en mí misma vestida de otra forma, en medio del silencio, o mejor, en medio del sonido del viento, de los árboles, de las mariposas y los pajaritos, pero callada, contemplando todo mientras descubro el fondo de mi ser, mientras descubro en algún rincón, acaso en unas letras, en un poema, en una canción, en el momento de bajar las escaleras procurando no hacer un sólo ruido, o quizás en el momento justo de hacer el café, de tomar el café, descubro digo, mi imagen, la de hoy, de ahora, justo ahora.

*-*

Quizás lo que más me ha molestado no tiene tanta importancia... que algunos crean conocerme tan bien a pesar de que han compartido tan poco tiempo conmigo, seguramente no tiene importancia. Lo que realmente importa es que a mí eso me afecte, que me importe, que me haga cambiar de forma, de ojos, de determinaciones. Eso sí importa, y me pregunto ¿por qué me sucede? Entonces pienso en ese ojo interno, juez implacable, en los temores que antes fueron tan fuertes y ahora quieren avanzar el terreno, en mi espada debilitada de tanto no usarla, en mi espíritu un poco perdido entre las distracciones de la cotidianidad y del mundo, y quizás de una excesiva comodidad y un excesivo trabajo,
y entonces se me ocurre que acaso en alguna esquina algo importante -¡cuántes veces he escrito esa palabra hoy!- se me perdió, o mejor, se me quedó dormido.

Ahora hay algo como una música que pugna por despertarlo, hay algo como este deseo de tener aquí mi boken y salir afuera a entrenar en medio de los árboles mientras medito, mientras espero que en alguno de los movimientos de la espada entre ese aire revelador que siempre me llega de alguna forma y me lleva a esa verdad que busco.

Extraño la práctica de iado, extraño mi boken y mi jo.


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